Capítulo 0

Prólogo (otoño 1970)

Saltando y corriendo a sesenta metros de altura entre esculturas.

Nunca hubiese pensado Andreu pocas horas antes, que el plan que con tanto esmero había preparado y con el que habría cambiado su suerte, acabaría así: huyendo desesperadamente para no perder la vida.

Tras de él, dos matones y una mujer le persiguen subiendo por unas escaleras de caracol que parecen no tener fin.

La barandilla ayuda a Andreu a darse impulso y saltar los escalones de dos en dos, de tres en tres… intentando encontrar una puerta salvadora, una escapatoria que cada vez se adivina más lejana.

–Sabía que algún día nos encontraríamos. Te he estado esperando durante treinta y cuatro años.

Andreu escucha detrás suyo, resonando en las desnudas paredes del ábside, la voz femenina y firme de Marta tuteándole como si quisiera hipnotizarle.

–¿Cómo te llamas? Todavía no sé cuál es tu nombre, y quiero saberlo antes de matarte.

Es otoño de 1970.

Las nubes amenazan lluvia y manchan el cielo, pero la iglesia todavía no tiene ninguno de sus muros levantados para poderse proteger.

La escalera sigue subiendo hasta que, delante suyo, aparece una pequeña abertura en la pared que permite a Andreu saltar a un balcón exterior desde donde se descuelga por la fachada ocultándose momentáneamente de sus perseguidores. Alarga la mano por la pared hasta notar unas letras que sobresalen, APOSTOLUS, y de las que se ayuda para alcanzar una escultura.

No le importa dónde pone las manos ni los pies. No le importa pisar imágenes de los mejores artistas. Lo único que le importa es seguir avanzando y conseguir que le pierdan la pista.

Es el momento de dejar que sea el instinto quien tome la última decisión. Si finalmente no puede huir, al menos no quiere que la mujer se salga con la suya.

Hay en la fachada decenas de figuras que son admiradas desde la calle pero que, vistas de cerca, esconden multitud de agujeros y espacios ocultos.

Ahora, cuando ha conseguido ganar unos metros de ventaja a sus perseguidores, oculto y jadeando, nota bajo la chaqueta el volumen de un libro guardado en una bolsa de tela. Coge un lápiz y escribe un par de líneas, casi un epitafio, que a la mujer le harán más daño que el que le haría el propio libro.

Llega el momento de escoger el mejor sitio donde esconderlo.

 

En pocos segundos Andreu yacerá en el suelo, muerto, y el libro que durante tanto tiempo ha estado en su poder, permanecerá oculto, por décadas, esperando a ser encontrado para volver a ver la luz.

Pero mientras el momento no llegue, los días traerán las semanas y las semanas los meses, y durante años, el espíritu del libro y las palabras que oculta, marcarán la vida de personas ajenas a su origen, y a la larga historia de traiciones e intrigas que esconden sus hojas.